lunes, 9 de diciembre de 2013

I Want To Break Free

 
Me sorprendió llamándome un sábado por la mañana. La noche anterior habíamos salido y pese a que no habíamos desfasado mucho debido a un pequeño altercado con una pandilla de garrulos, la velada había terminado relativamente tarde. Pero a mediodía se presentó en mi casa con su chupa marrón de cuero y el gorro que se había comparado recientemente en Venecia. Era un chaval con el que me solía llevar muy bien y pese a que nuestra primera conversación fue a base de insultos, nuestro gusto por las miniaturas y nuestra pasión por El Señor de los Anillos propiciaron inumerables tardes pintado figuritas y hablando sobre elfos, orcos y demás criaturas fantásticas. Sin embargo esa mañana no estaba allí para eso. Estaba para que habláramos de la vida, de la política, de lo real y de lo onírico. Pensaba que tendría mucha gente con la que podría quedar y a la que contarle sus inquietudes, pero que me hubiera elegido a mi para sincerarse de aquella manera me hizo sentir especial y creó entre los dos un vínculo que cada vez se iría haciendo más fuerte. Siempre lo había admirado pues me parecía un chico con mucho carisma, y que se dirigiera a mí como a un igual me ayudaba en mis problemas de seguridad y autoestima. Después de todo no había sido tan malo sufrir un poquito con todo lo bueno que estaba recibiendo.

El otoño estaba llegando poco a poco a su fin y empezaba a hacer cada vez más frío. Las notas no me iban mal del todo aunque nunca había sido un alumno brillante y de vez en cuanto debía recuperar alguna que otra asignatura. En aquel momento me había planteado la ingeniería informática como meta. Me encantaba actuar, cantar, quisiera saber bailar y todos los apuntes que tomaba en clases eran personajes y montruos de historias que creaba en mi cabeza, pero siendo sensato a lo único que podía aspirar sería, como mucho, a diseñar alguno de esos bichos por ordenador ya que las únicas salidas posibles para ciertas entidades son las ingenierías, la medicina o el derecho, y las demás ramas no tienen cabida Es cierto que en el colegio se ofertaba el bachiller de artes, ¡pero cómo iba a hacer yo eso! Yo tendría que trabajar en una gran empresa ganando mucho dinero y viviendo en el extranjero. Y para ello tendría que estudiar logaritmos, integrales y dibujo técnico. Vale, amaba las matemáticas y me encantaba las ciencias (el dibujo técnico no tanto) pero soñaba con ser algo más que un simple peón. Y era un sueño tan bonito que mejor vivirlo durmiendo que luchar por él al despertar.

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